El fin de una era mientras Trump apunta al liderazgo cubano
Tras el colapso del régimen de Maduro, Washington pone la mira en La Habana.

El mapa geopolítico del hemisferio occidental está viviendo un realineamiento sísmico. El presidente Trump declaró recientemente que el gobierno cubano se acerca a su fin, presentando ese posible colapso como la conclusión lógica de la campaña de 'presión máxima' de su administración. Para los observadores, el giro es claro: la caída del gobierno venezolano ha dejado a La Habana aislada, y la Casa Blanca se mueve ahora activamente para llenar el vacío de poder.
El efecto dominó de la presión máxima
La situación actual en Cuba no es un hecho aislado, sino una consecuencia directa de la estrategia de estrangulamiento económico selectivo de la administración. Tras la operación militar del 3 de enero de 2026 que resultó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, se cortó el vital salvavidas de petróleo y apoyo financiero que mantenía en funcionamiento al Estado cubano. El resultado ha sido inmediato y devastador para la isla, que ahora lucha contra apagones energéticos graves en todo el país y una infraestructura pública que se desmorona.
El presidente Trump ha sido explícito sobre la mecánica de este giro. En una reciente entrevista con POLITICO, señaló que, tras cortar los flujos de petróleo y capital procedentes de Venezuela, hasta ahora la única fuente significativa de apoyo del régimen, el Estado cubano ha llegado a un punto de quiebre. Lo describe como la 'guinda del pastel' de un conflicto geopolítico de medio siglo, y sostiene que la intervención directa de su administración por fin ha aportado la palanca necesaria para forzar una transición.
Un nuevo capítulo en la política hemisférica

Más allá del coste humanitario inmediato de la crisis energética, las acciones de la administración señalan una ruptura fundamental con la política exterior tradicional. Al combinar una intensa presión económica con maniobras militares y diplomáticas directas, como las vistas en la 'Operación Epic Fury' contra Irán, la Casa Blanca demuestra su disposición a usar la fuerza rápida y coordinada para lograr un cambio de régimen. El objetivo, según la retórica oficial, es sustituir a liderazgos afianzados y hostiles por regímenes más compatibles con los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.
“el principal desafío para los planificadores de política exterior será gestionar las secuelas: pasar de la destrucción de un viejo orden a la creación de un sucesor viable y estable”
Sin embargo, el camino por delante sigue plagado de importantes interrogantes sobre la estabilidad a largo plazo y la legalidad internacional. Mientras la administración enmarca estas acciones como 'paz mediante la fuerza', juristas han expresado preocupación por los fundamentos de estas intervenciones. Mientras Washington busca supervisar una posible 'toma de control amistosa' de Cuba, el principal desafío para los planificadores de política exterior será gestionar las secuelas: pasar de la destrucción de un viejo orden a la creación de un sucesor viable y estable que evite los riesgos de una incertidumbre prolongada.
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